De comprar y vender uniformes a fabricar, diseñar y comercializar prendas para empresas, hospitales, escuelas y dependencias gubernamentales, Lizao construyó una operación con presencia nacional sin dejar de tener a Culiacán como su centro de decisiones.
Lo que comenzó en 1999 como un negocio dedicado a la comercialización de uniformes terminó convirtiéndose en una empresa que hoy fabrica, distribuye y comercializa prendas para empresas privadas, instituciones educativas, hospitales y dependencias gubernamentales de distintas regiones del país.
Detrás de esa historia se encuentra Adalberto Nicolás Lizárraga Osuna, ingeniero civil y fundador de Lizao, marca cuyo nombre surge de la combinación de los apellidos Lizárraga y Ontiveros, en referencia a su familia y a los orígenes del proyecto empresarial.
En sus primeros años, la empresa siguió el camino tradicional de muchos negocios del sector: comprar y vender uniformes. Sin embargo, con el paso del tiempo descubrieron que el verdadero crecimiento estaba en asumir el reto más complejo.
“Las cosas que valen la pena siempre son difíciles de hacer y entramos por lo difícil”, resume Adalberto.
Ese paso fue la fabricación.
La decisión transformó por completo el modelo de negocio y permitió a la empresa diseñar productos propios, controlar procesos, adaptarse a las necesidades de los clientes y competir en mercados cada vez más amplios.
Actualmente Lizao produce uniformes empresariales, institucionales, escolares, médicos e industriales, además de prendas para actividades agrícolas, comerciales y de oficina.
Su oferta incluye pantalones de mezclilla para trabajo pesado, camisas industriales, uniformes escolares, ropa ejecutiva, blusas, playeras, batas médicas y uniformes secretariales.
La empresa también trabaja permanentemente en la incorporación de nuevas fibras y textiles que permitan ofrecer prendas más frescas, cómodas y adecuadas para los distintos climas donde opera.
Para ello utiliza materiales provenientes tanto de proveedores mexicanos como internacionales, incorporando fibras modernas de bambú, viscosa y poliéster, además de otras mezclas desarrolladas para mejorar confort y durabilidad.
De Sinaloa al mercado nacional
La expansión de Lizao fue acompañada por el desarrollo de capacidades productivas propias.
La empresa cuenta actualmente con tres plantas de fabricación en Sinaloa, dos de ellas en Culiacán y una más en Navolato.
A estas se suman unidades de producción en el Estado de México, Tlaxcala y Puebla, desde donde se atienden distintos mercados regionales.
La operación se complementa con centros logísticos de corte, almacenes y una red comercial que permite abastecer pedidos en prácticamente todo el territorio nacional.
Desde Culiacán se coordina una estructura comercial que atiende hospitales, clínicas, universidades, dependencias gubernamentales y empresas privadas en estados tan diversos como Quintana Roo, Yucatán, Chihuahua y Sonora.
La empresa participa además en licitaciones públicas nacionales y ha suministrado uniformes para instituciones vinculadas a los sectores salud, educación y comunicaciones.
Actualmente la organización genera más de 300 empleos directos y mantiene relaciones de trabajo con talleres y proveedores que amplían su impacto económico.

La evolución de una marca regional
Durante muchos años Lizao operó exclusivamente mediante ventas de mayoreo dirigidas a empresas e instituciones.
Sin embargo, conforme la empresa fue creciendo detectó que existía un amplio mercado de pequeñas empresas y trabajadores independientes que también requerían uniformes.
La respuesta fue crear una red de tiendas especializadas.
Primero llegaron los puntos de venta en Culiacán. Después vinieron Mazatlán, Los Mochis, Guasave y Escuinapa.
Más recientemente inició la expansión hacia el norte del país con nuevas operaciones en Chihuahua y Hermosillo.
Actualmente la empresa suma nueve puntos de venta y prepara nuevas aperturas en Ciudad Obregón, Mexicali y Tijuana, como parte de una estrategia para consolidar cobertura en las principales ciudades del noroeste mexicano.
La nueva tienda de Hermosillo representa un paso importante dentro de esa visión, ya que contará con mayor capacidad de exhibición, almacén, bordado personalizado y atención a grupos empresariales.
El uniforme como identidad
Para Adalberto Lizárraga, el uniforme representa mucho más que una prenda de vestir.
Considera que genera identidad, pertenencia y profesionalismo.
Lo mismo ocurre con estudiantes de medicina que comienzan a utilizar bata blanca desde su formación, que con trabajadores de empresas privadas o instituciones públicas que encuentran en el uniforme un elemento que fortalece la cultura organizacional.
“Cuando una persona se siente bien vestida también se siente mejor consigo misma”, sostiene.
Esa filosofía ha llevado a la empresa a privilegiar aspectos como comodidad, frescura, presentación y funcionalidad.
La búsqueda permanente de mejores materiales y diseños ha sido uno de los factores que explica el crecimiento sostenido de la marca.
Competir desde Sinaloa
Durante años se pensó que las importaciones provenientes de Asia representarían una amenaza difícil de enfrentar para los fabricantes nacionales.
Sin embargo, la experiencia de Lizao ha sido distinta.
Adalberto considera que la verdadera competencia se encuentra en las empresas mexicanas que han elevado continuamente sus estándares de calidad, innovación y servicio.
Por ello la empresa participa de manera constante en exposiciones especializadas y encuentros del sector textil para mantenerse actualizada sobre tendencias, nuevos materiales y cambios en las preferencias del mercado.
La innovación, sostiene, no se limita a la moda. También forma parte del mercado de los uniformes.
Los colores, las fibras, los diseños y las necesidades de los usuarios evolucionan constantemente, y las empresas deben adaptarse con rapidez.
El valor del talento humano
Si hay un factor que Adalberto identifica como decisivo en la historia de Lizao es el talento humano.
Asegura que una parte importante de su crecimiento se explica por las capacidades desarrolladas por sus colaboradores y por la cultura de trabajo que existe en Sinaloa.
Incluso cuando la empresa compite contra organizaciones instaladas en entidades con una larga tradición textil, considera que el conocimiento acumulado por su equipo les ha permitido abrir espacios y ganar mercados.
La pandemia de Covid-19 puso a prueba esa fortaleza.
Hubo momentos difíciles en los que la empresa tuvo que realizar acuerdos temporales con sus trabajadores para preservar la operación y conservar empleos.
La estrategia funcionó.
La organización logró superar la contingencia sin perder el capital humano que había construido durante años.
Una empresa familiar que sigue creciendo
Lizao mantiene su carácter de empresa familiar.
Los tres hijos de Adalberto participan actualmente en distintas áreas del negocio y forman parte del proceso de evolución de la organización.
La incorporación de nuevas capacidades profesionales ha permitido fortalecer áreas como mercadotecnia, administración y desarrollo comercial.
Ese relevo generacional es uno de los factores que alimenta los planes de expansión para los próximos años.
La meta es consolidar la presencia de la marca en todo el noroeste del país y continuar fortaleciendo su operación nacional.
A pesar de las oportunidades que han surgido en otras entidades, la empresa mantiene su oficina matriz en Culiacán.
La razón es sencilla.
“Aunque no nací en Culiacán, aquí me han tratado bien”, expresa Adalberto.
Después de más de dos décadas de crecimiento, la visión permanece intacta: seguir llevando una marca nacida en Sinaloa a nuevos mercados, demostrando que desde la entidad también es posible construir empresas industriales capaces de competir a escala nacional.


