Sinaloa demanda un salto en su industrialización: ADECEM presenta 7 propuestas

Culiacán, Sin. 12 de agosto de 2026

La manufactura genera casi 26 por ciento de la producción bruta de Sinaloa y en 15 años aumentó más de 45 por ciento su personal ocupado. Para ADECEM, la entidad ya cuenta con una base industrial relevante, pero el siguiente paso exige que más empresas puedan crecer, incorporar tecnología, acceder a financiamiento, desarrollar talento, integrarse como proveedoras y generar mayor valor agregado.

Sinaloa ha avanzado en su proceso de industrialización, pero todavía no ha dado el salto necesario para convertir esa base productiva en una plataforma de crecimiento empresarial de mayor escala, consideró José Miguel Loredo López, presidente de la Comisión de Manufactura de la Alianza para el Desarrollo y Competitividad de las Empresas (ADECEM).

Durante la conferencia quincenal del organismo, Loredo López presentó siete propuestas orientadas a fortalecer la industria manufacturera y elevar su competitividad, partiendo de una premisa: el desafío ya no consiste solamente en tener más industrias, sino en generar las condiciones para que las existentes puedan crecer, profesionalizarse, incorporar tecnología, acceder a nuevos mercados y aumentar el valor de lo que producen.

La manufactura sinaloense cuenta actualmente con 12 mil 290 establecimientos, más de 85 mil personas ocupadas y una producción superior a los 105 mil millones de pesos. Aunque representa alrededor de 10 por ciento de las unidades económicas del estado, genera casi 26 por ciento de la producción bruta.

Para ADECEM, estos indicadores muestran que Sinaloa no tiene una industria estancada. En los últimos 15 años, el número de trabajadores manufactureros aumentó más de 45 por ciento. El problema es que ese crecimiento todavía resulta insuficiente frente al potencial productivo de la entidad y las nuevas exigencias de competitividad.

Construir una escalera para que las empresas puedan crecer

La primera propuesta consiste en construir una verdadera escalera de crecimiento empresarial.

La estructura manufacturera no es homogénea. Existen empresas que todavía luchan por sobrevivir, otras que han alcanzado cierto nivel de consolidación y algunas más que poseen condiciones para escalar hacia mercados y operaciones de mayor tamaño. Por ello, ADECEM considera que las políticas de desarrollo industrial no pueden ofrecer las mismas soluciones a todas.

“Necesitamos identificar empresas con potencial de crecimiento y acompañarlas de acuerdo con la etapa en la que se encuentran: supervivencia, consolidación y escalamiento”, puntualizó Loredo López.

La propuesta implica reconocer que crear empresas no es suficiente. El reto es conseguir que más de ellas superen las primeras etapas de desarrollo, fortalezcan sus estructuras administrativas y productivas y puedan avanzar hacia organizaciones de mayor tamaño y productividad.

Transformación tecnológica para elevar capacidades

El segundo componente de la agenda es acelerar la transformación tecnológica de la manufactura.

Sinaloa ya cuenta con una amplia base de establecimientos industriales, pero una parte importante necesita incorporar herramientas digitales, mejores sistemas administrativos, controles de inventarios, trazabilidad, automatización y análisis de información.

La transformación tecnológica no significa necesariamente comenzar con maquinaria sofisticada o grandes inversiones. Para muchas empresas, el primer avance puede estar en mejorar sus controles internos, conocer con precisión sus costos, administrar inventarios o utilizar información para tomar mejores decisiones.

La tecnología, desde esta perspectiva, debe convertirse en una herramienta para elevar productividad y capacidad de gestión, permitiendo que las empresas puedan avanzar posteriormente hacia procesos de mayor complejidad.

Entender por qué nueve de cada diez no utilizan financiamiento

El tercer desafío es el acceso al financiamiento.

Actualmente, solamente 8.93 por ciento de los establecimientos manufactureros reporta acceso a algún tipo de financiamiento, lo que significa que más de nueve de cada diez operan sin recurrir a estos recursos.

Para Loredo López, el dato obliga a ir más allá de afirmar que hace falta crédito. Es necesario conocer por qué las empresas no lo utilizan, cuáles son las barreras que enfrentan y qué condiciones internas les impiden convertirse en sujetos adecuados de financiamiento.

“Financiamiento, información financiera, profesionalización y capacidad empresarial deben analizarse conjuntamente”, señaló.

Desde esta visión, disponer de recursos no garantiza por sí mismo el crecimiento. Una empresa también necesita información financiera confiable, capacidad administrativa y proyectos suficientemente estructurados para utilizar el capital en inversiones que eleven su productividad.

Desarrollar proveedores sinaloenses

La cuarta propuesta consiste en recuperar y fortalecer una política de desarrollo de proveedores locales.

Loredo recordó que años atrás existió un programa denominado Impulso a las Empresas Tractoras, mediante el cual grandes compañías obtenían recursos para desarrollar empresas proveedoras sinaloenses y elevar sus capacidades.

La experiencia adquiere nueva relevancia ante las inversiones industriales que se desarrollan en Sinaloa. Para ADECEM, atraer grandes proyectos representa solamente una parte de la oportunidad; el verdadero impacto regional dependerá de cuánto puedan integrarse las empresas locales a sus cadenas de suministro.

Esto exige identificar qué productos y servicios demandarán las grandes inversiones y preparar con anticipación a las empresas sinaloenses para cumplir requerimientos de calidad, capacidad productiva, tiempos de entrega y especialización.

Si la proveeduría se desarrolla localmente, una mayor proporción de la derrama generada por las inversiones puede permanecer en Sinaloa y extenderse hacia pequeñas y medianas empresas.

El capital humano debe evolucionar con la industria

Como quinto punto, ADECEM plantea fortalecer el desarrollo del capital humano conforme aumenta la sofisticación de las empresas.

“No solamente necesitamos trabajadores. Conforme aumenta la complejidad de nuestras empresas, necesitamos perfiles técnicos, competencias digitales, especialización y una mayor correspondencia entre lo que demanda la industria y lo que ofrece nuestro sistema educativo”, explicó Loredo López.

El crecimiento industrial modifica también el tipo de talento requerido. Una empresa que incorpora tecnología, automatiza procesos o aumenta sus estándares de calidad necesita trabajadores con capacidades diferentes a las demandadas por operaciones tradicionales.

La formación de capital humano debe avanzar, por ello, en coordinación con las necesidades reales de las empresas. La vinculación entre industria y sistema educativo se convierte así en una condición para sostener cualquier proceso de industrialización de mayor complejidad.

Transformar más de lo que Sinaloa produce

La sexta propuesta toca una de las principales fortalezas y, al mismo tiempo, uno de los grandes pendientes económicos de Sinaloa: agregar mayor valor a la producción agrícola, pesquera y pecuaria.

Loredo recordó que la construcción de las grandes presas hidráulicas impulsó en su momento un proceso de industrialización ligado al desarrollo agrícola. Alrededor de esa producción surgieron arroceras, aceiteras y otras plantas de transformación que posteriormente desaparecieron.

Para ADECEM, la fortaleza de Sinaloa como productor primario debe utilizarse nuevamente como plataforma para una industrialización de mayor profundidad. Producir materias primas genera riqueza, pero transformarlas permite ampliar cadenas productivas, incorporar conocimiento, generar nuevos empleos y retener una mayor proporción del valor dentro del estado.

El desafío consiste en pasar de una economía que destaca por lo que produce a otra que también sea reconocida por lo que es capaz de transformar.

Certificar para competir

El séptimo componente de la agenda es impulsar la certificación de los procesos productivos.

Conforme las empresas buscan integrarse a cadenas de suministro más exigentes, las certificaciones dejan de ser únicamente un distintivo y se convierten en una condición para competir. Los sistemas de gestión permiten documentar procesos, establecer controles, medir resultados y ofrecer certeza a clientes que demandan estándares verificables.

Para Loredo López, una empresa que carece de un sistema de gestión, particularmente de calidad, enfrenta una limitación semejante a disponer de un automóvil sin la llave necesaria para encenderlo.

La certificación adquiere especial importancia cuando se busca desarrollar proveedores sinaloenses para grandes empresas, porque no basta con fabricar un producto o prestar un servicio: es necesario demostrar que puede hacerse de manera consistente, bajo procesos controlados y con estándares reconocidos.

El siguiente salto industrial

Las siete propuestas presentadas por la Comisión de Manufactura de ADECEM forman parte de una misma lógica: Sinaloa ya construyó una base industrial; ahora necesita desarrollar las capacidades para escalarla.

El número de establecimientos, el crecimiento del empleo y la participación de la manufactura en la producción estatal muestran que existe una plataforma sobre la cual avanzar. Pero una nueva etapa de industrialización requiere algo más que incrementar esas cifras.

Implica conseguir que las empresas transiten de la supervivencia a la consolidación y de la consolidación al escalamiento; incorporar tecnología; resolver las barreras que dificultan el financiamiento; desarrollar proveedores; formar capital humano especializado; transformar una mayor proporción de la producción primaria y certificar procesos.

Para ADECEM, ahí se encuentra el salto pendiente: no solamente tener más industria, sino construir empresas industriales con mayor capacidad para crecer, integrarse, competir y generar valor agregado en Sinaloa.