Ana Gabriela Aguilar Félix transformó un centro de terapias en un modelo educativo integral que logró crecer, adaptarse a la crisis sanitaria y mantenerse evolucionando con nuevas estrategias
La educación también puede construirse como un proyecto empresarial con vocación humana. Esa ha sido la ruta de Ana Gabriela Aguilar Félix, arquitecta de profesión, con estudios de maestría en desarrollo sustentable y educación, quien desde hace casi tres décadas impulsa en Culiacán un modelo orientado a la atención integral y personalizada de niñas y niños.
El proyecto inició en 1996 como centro de terapias y en 2004 evolucionó hacia colegio bajo el nombre de CEYDI Centro Educativo, el cual, por las tardes un gabinete neuropsicopedagógico y por las mañanas el colegio.
La idea nació de una convicción profunda: la educación puede transformar vidas porque los niños necesitan mucho más que aprender materias. Necesitan sentirse vistos, escuchados, comprendidos, seguros y capaces de desarrollar su potencial para construir un futuro distinto.
Para Ana Gabriela, la educación no se reduce a libros, currículum o contenidos académicos. Implica formar seres humanos y desarrollar su máximo potencial en distintos aspectos de su vida, dentro de un entorno sano, seguro y humano que les proporcione la estabilidad, los valores y la confianza que necesitan. Desde esa visión, el proyecto surgió no como una simple oportunidad de negocio, sino como una misión educativa.
El inicio fue modesto. Comenzó con ocho alumnos, una inversión mínima y un espacio pequeño. Con el tiempo, la cercanía con las familias, los resultados observados en los menores y el avance emocional y madurativo de los alumnos permitieron que el proyecto creciera hasta incorporar kínder y posteriormente primaria.


Antes de la pandemia, CEYDI llegó a tener alrededor de 350 alumnos y cerca de 70 empleados. Para mantener el modelo personalizado, el crecimiento siempre tuvo límites operativos, pues el objetivo no era formar una institución masiva, sino conservar la atención cercana a cada niño.
El diferenciador del proyecto ha sido precisamente la educación personalizada. Ana Gabriela sostiene que no hay un niño para cada escuela, sino que cada escuela debería tener la capacidad de adaptarse a cada niño. En su visión, el alumno no debe ser tratado como parte de una matrícula, sino como un ser humano con necesidades, ritmos, emociones y capacidades propias.
CEYDI se ha construido profundamente a partir de todas las personas que han formado parte de este proyecto: maestras, familias, alumnos y colaboradores. Porque un colegio no se construye solo; se construye con comunidad, confianza y trabajo constante.
Después de más de 20 años, Ana Gabriela afirma que sigue aprendiendo, sigue soñando y sigue creyendo en el enorme valor de educar. Porque la educación no solamente prepara para una profesión. También prepara para la vida.
Actualmente, en sus instalaciones de maternal, prekínder y kínder se cuenta con 13 aulas, gimnasios neuromotores, áreas de integración sensorial, aulas visuales, cubículos de desarrollo del lenguaje y espacios de juego. El equipo está integrado por especialistas en educación especial, educación preescolar, educación primaria, fisioterapia, psicología y pedagogía.
El nivel de primaria opera en otro inmueble ubicado por el bulevar Anaya, con seis salones, uno por cada grado escolar. En conjunto, la institución mantiene un enfoque integral que combina aprendizaje académico, desarrollo emocional, lenguaje, movimiento, integración sensorial y acompañamiento familiar.
La metodología desarrollada se basa en la neuropsicología educativa y en la identificación de periodos sensibles del desarrollo infantil. La lógica consiste en aprovechar las etapas de mayor plasticidad cerebral para prevenir dificultades y potenciar habilidades. A partir de dinámicas repetidas, contenidos culturales, matemáticas, inteligencias múltiples, expresión oral y manejo emocional, los niños desarrollan capacidades de manera progresiva.
En el modelo de CEYDI, desde edades tempranas los niños trabajan habilidades como argumentar, expresar emociones, hablar en público, participar en dinámicas de debate, identificar lo que sienten y comunicarlo. Ana Gabriela explica que, cuando estas habilidades se trabajan desde pequeños, los niños las incorporan de forma natural.
La pandemia y la capacidad de adaptación
La pandemia del Covid-19 representó el reto operativo más complejo que ha enfrentado el proyecto educativo. Hasta antes de esa etapa, CEYDI mantenía un crecimiento constante y cada ciclo escolar permitía incorporar nuevas propuestas y fortalecer áreas de atención.
La suspensión de actividades presenciales alteró profundamente el modelo operativo de la institución, cuya principal fortaleza era precisamente la atención cercana y personalizada, especialmente con niños pequeños.
Ante ese escenario, CEYDI tuvo que reorganizar rápidamente su operación para sostener servicios, conservar parte de su plantilla y mantener el vínculo con las familias.
La institución contaba con un fondo financiero preventivo, lo que permitió sostener durante varios meses gastos de nómina y operación mientras se redefinían estrategias.
Como parte de esa adaptación, se implementó un esquema de atención por pequeñas “burbujas”, reuniendo grupos reducidos de niños en distintos sectores de la ciudad para continuar con terapias y acompañamiento especializado.
La estrategia permitió mantener activa parte de la atención terapéutica y conservar la continuidad del modelo educativo aun en condiciones extraordinarias.
Aunque el impacto económico fue importante y obligó a reducir temporalmente personal y operación, CEYDI logró mantenerse funcionando y posteriormente reincorporar parte de su equipo de trabajo conforme avanzó la recuperación.
Actualmente, la institución continúa en una etapa de consolidación y recuperación gradual de matrícula, mientras desarrolla nuevas líneas de crecimiento orientadas al acompañamiento emocional, intelectual y psicopedagógico.

Nuevos proyectos y visión de futuro
La experiencia dejó aprendizajes empresariales importantes. Uno de ellos fue la necesidad de fortalecer capacidad de adaptación frente a escenarios inesperados, así como desarrollar modelos más flexibles y sostenibles.
Aun con los efectos que dejó la pandemia, Ana Gabriela considera que existe una tendencia creciente de madres y padres que valoran más la educación personalizada y el acompañamiento emocional desde edades tempranas.
La empresaria también identifica retos en la relación entre el sector educativo privado y las autoridades. Desde su experiencia, algunas decisiones normativas han sido difíciles de absorber para instituciones pequeñas y medianas, especialmente cuando modifican condiciones operativas sin suficiente diálogo con quienes generan empleo y sostienen servicios educativos.
Por ello, considera necesario fortalecer la interlocución entre el sector privado educativo y las autoridades, reconociendo el papel que cumplen las instituciones particulares en la formación de niñas y niños, así como en la generación de empleos especializados.
En los últimos años, Ana Gabriela también se integró a una asociación de colegios particulares formada por directivos y propietarios, con el propósito de atender problemáticas comunes y construir agendas compartidas para el sector educativo privado.
Hacia adelante, una de las nuevas estrategias de crecimiento será la apertura de un consultorio en el sector La Primavera, orientado a brindar atención emocional, intelectual, psicológica y psicopedagógica.
La historia de CEYDI muestra cómo un proyecto educativo puede nacer desde una convicción humana, crecer mediante resultados, enfrentar una crisis inédita y reorganizarse sin perder su esencia.
En un entorno donde muchas instituciones tuvieron dificultades para sostener operación, CEYDI continúa evolucionando con una apuesta centrada en cercanía humana, especialización y formación integral de la niñez.
Si algo ha confirmado Ana Gabriela Aguilar en este camino de propósito, resiliencia y esperanza, es que sembrar en los niños siempre vale la pena.


