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Activos culturales requieren política pública, inversión privada y participación social: especialistas

La segunda mesa del Seminario de Economía Cultural y Creativa planteó la necesidad de articular patrimonio, identidad, economía y gobernanza para convertir la cultura en un motor estratégico de desarrollo para Sinaloa

El interés por articular los esfuerzos que actualmente se desarrollan de manera dispersa dentro de la industria cultural y creativa de Sinaloa dio un nuevo paso con la realización de la mesa “Activos culturales de Sinaloa”, espacio orientado a identificar los recursos culturales del estado y avanzar hacia una política pública que permita fortalecerlos desde una perspectiva económica, social y territorial.

La mesa formó parte del Primer Seminario de Economía Cultural y Creativa, organizado de manera conjunta por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC), CODESIN, UAS, UAdeO, SEPyC, la Secretaría de Cultura federal y el Centro de Investigación y Estrategias en Industrias Culturales y Economía Creativa de Sinaloa.

El encuentro reunió a especialistas, promotores culturales, investigadores y representantes institucionales con una premisa común: la cultura no puede seguir observándose únicamente como patrimonio simbólico o expresión artística aislada, sino como una capacidad estratégica capaz de generar cohesión social, identidad, turismo, empleo creativo, reconstrucción comunitaria y nuevas economías para Sinaloa.

Participaron Ronaldo González Valdés, sociólogo, investigador y exdirector del entonces DIFOCUR; Graciela Parra Castro, responsable del programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias del ISIC; Ulises Cisneros, periodista, escritor y promotor cultural; e Inna Teresa Álvarez, directora del Museo de Arte de Sinaloa. La moderación estuvo a cargo de Mercedes Dorado Bojórquez, directora general de CODESIN.

Desde el inicio de la discusión se identificó como uno de los principales retos reconocer, proteger, articular y potencializar los recursos y activos culturales que existen en el estado, muchos de ellos dispersos, insuficientemente documentados y sin mecanismos sólidos de integración económica o institucional.

Ronaldo González explicó que un recurso cultural puede encontrarse en fiestas tradicionales, música, danzas, gastronomía, artesanías, patrimonio comunitario o expresiones territoriales que forman parte de la vida cotidiana de las comunidades. Sin embargo, puntualizó que no todo recurso cultural alcanza automáticamente la categoría de activo cultural.

La diferencia, explicó, radica en la capacidad de generar desarrollo sostenible, cadenas de valor, protección patrimonial, apropiación social y dinámicas económicas capaces de sostenerse en el tiempo.

“Los recursos culturales están dispersos y muy acotados comercialmente”, advirtió, al señalar que muchos de ellos todavía deben recorrer procesos de articulación, profesionalización y organización para convertirse en verdaderos activos culturales.

Durante su intervención mostró un catálogo preliminar de recursos culturales de municipios sinaloenses relacionados con fiestas, danzas, música y artesanías, insistiendo en que Sinaloa posee un patrimonio cultural mucho más amplio de lo que comúnmente se reconoce.

También planteó que los activos culturales deben recolocarse dentro de la agenda pública y privada, no como elementos decorativos o turísticos aislados, sino como componentes estratégicos del desarrollo regional.

Bajo esa lógica, sostuvo que el espacio también produce cultura y que determinados territorios pueden detonar dinámicas económicas, sociales y comunitarias a partir de sus expresiones culturales.

No obstante, advirtió que algunos procesos de desarrollo cultural pueden terminar desplazando comunidades o subordinando la identidad local a dinámicas exclusivamente comerciales o turísticas, por lo que insistió en la necesidad de construir modelos incluyentes donde las comunidades participen directamente en los beneficios generados.

Inna Teresa Álvarez explicó que los activos culturales incluyen recursos materiales, humanos y naturales que forman parte de la identidad de una comunidad. Desde su experiencia en el ámbito museístico, resaltó que los museos son activos tangibles que conservan memoria, historia y patrimonio.

Sin embargo, insistió en que los museos no deben verse como espacios estáticos destinados únicamente a resguardar piezas históricas o artísticas.

“Un museo es un organismo vivo”, señaló al explicar que estos espacios deben renovarse, dialogar con las comunidades y convertirse en espacios abiertos de reflexión, educación, participación y construcción de ciudadanía.

Precisó que los museos tienen capacidad para generar cohesión urbana, fortalecer el turismo cultural, impulsar educación no formal y convertirse en plataformas de economía creativa.

Actualmente, indicó, Sinaloa cuenta con 34 museos registrados oficialmente, además de espacios recientes como el Museo de Los Tigres del Norte y el Museo Binacional de Cine Documental.

La especialista consideró que uno de los retos más importantes consiste en fortalecer la relación entre museos, instituciones educativas, turismo, comunidades y nuevas tecnologías para ampliar su impacto social y económico.

A partir de esa reflexión, Mercedes Dorado subrayó la necesidad de construir un padrón estatal de activos culturales que permita identificar, organizar y proyectar las capacidades culturales existentes en Sinaloa.

Graciela Parra Castro expuso que los activos culturales abarcan tanto elementos materiales como inmateriales: lenguas indígenas, danzas, rituales, fiestas tradicionales, centros ceremoniales, artesanías, gastronomía y prácticas comunitarias.

Destacó particularmente el patrimonio cultural de los pueblos mayo-yoremes, donde se realizan esfuerzos permanentes para preservar tradiciones, ceremonias, danzas, máscaras, vestuarios y expresiones lingüísticas.

Como ejemplos mencionó la lengua mayo-yoreme, el juego ancestral de hulama, los mariposarios destinados a la reproducción de la mariposa Cuatro Espejos para la elaboración de tenabaris, así como diversos museos comunitarios que resguardan memoria histórica de los pueblos.

Parra Castro explicó que muchos de estos espacios enfrentan dificultades de mantenimiento, infraestructura y financiamiento, pese a que representan activos culturales de enorme valor para las comunidades.

Añadió que el trabajo institucional busca proteger tanto el patrimonio material como el inmaterial, especialmente aquel que se encuentra en riesgo de desaparecer.

Ulises Cisneros llevó la discusión hacia el terreno económico y laboral de la cultura. Señaló que las actividades artísticas y creativas continúan enfrentando una contradicción profunda: poseen reconocimiento simbólico, pero todavía carecen de reconocimiento económico y profesional suficiente.

“Lo que falta no es talento; es voluntad institucional”, expresó.

Desde su perspectiva, el arte y la creación cultural siguen atrapados en dinámicas de informalidad donde se normalizan pagos simbólicos, ausencia de seguridad social, contratos precarios y falta de mecanismos de comercialización.

Sostuvo que la creación artística no debe entenderse como una actividad secundaria o meramente vocacional, sino como un trabajo especializado que requiere remuneración digna, profesionalización y protección laboral.

Para ello, propuso fortalecer esquemas de contratación justos, ampliar circuitos de comercialización, construir presupuestos estables, profesionalizar intermediarios culturales y consolidar políticas públicas que reconozcan al sector creativo como industria y no únicamente como ornamento cultural.

También señaló que los activos culturales tienen capacidad para generar cadenas de valor económico y social cuando existe organización, articulación institucional y acompañamiento público y privado.

Como ejemplos mencionó la gastronomía sinaloense, los carnavales, la música regional y las expresiones comunitarias que hoy forman parte de la identidad del estado.

La discusión dejó ver que Sinaloa posee un amplio ecosistema cultural integrado por museos, gastronomía, fiestas, pueblos originarios, música, memoria histórica, patrimonio comunitario, creadores y expresiones territoriales con enorme potencial de desarrollo.

Sin embargo, también quedó expuesto que gran parte de esas capacidades permanecen desarticuladas, subvaloradas o insuficientemente integradas a una estrategia de desarrollo regional.

El desafío planteado por especialistas e instituciones ya no consiste solamente en conservar tradiciones o proteger patrimonio. El reto ahora es construir mecanismos de gobernanza cultural capaces de conectar comunidades, creadores, instituciones, universidades, sector privado y políticas públicas dentro de una misma visión de desarrollo.

Porque la cultura no solo aporta identidad o memoria colectiva. También puede convertirse en una capacidad estratégica para generar cohesión social, empleo creativo, turismo, reconstrucción comunitaria y nuevas economías para Sinaloa.