Sinaloa Productivo y Resiliente

Plantean CORE33 una estrategia para fortalecer el corazón industrial de Sinaloa

Las comisiones de Manufacturas de ADECEM y de Industria de CORE33, encabezadas por José Miguel Loredo López, sostienen que el reto de Sinaloa ya no consiste únicamente en producir más. La prioridad es fortalecer las capacidades de las empresas para que la manufactura genere mayor valor agregado, incorpore tecnología y permita que un mayor número de negocios participe en las cadenas de proveeduría de las nuevas inversiones.

La manufactura se ha convertido en el principal motor de transformación económica de Sinaloa. Con más de 12 mil 290 establecimientos, una producción superior a 105 mil millones de pesos y alrededor de 85 mil personas ocupadas, el sector aporta 25.8 por ciento de la producción bruta estatal, consolidándose como la actividad con mayor generación de valor en la entidad.

Para José Miguel Loredo López, director general de Loredo Muebles y Equipos y responsable de las comisiones de Manufacturas de ADECEM y de Industria del CORE33, estas cifras muestran que Sinaloa cuenta con una plataforma industrial sólida. Sin embargo, también evidencian que el crecimiento futuro dependerá menos de incrementar el número de empresas y más de fortalecer sus capacidades para innovar, digitalizarse e integrarse a cadenas productivas de mayor valor.

Una industria con bases sólidas

Durante los últimos quince años la manufactura ha mantenido una trayectoria de crecimiento constante. Entre 2009 y 2024, el número de establecimientos pasó de 8 mil 171 a 12 mil 290, mientras que el empleo aumentó de 58 mil 804 a más de 85 mil trabajadores. En el periodo más reciente, las unidades económicas crecieron a una tasa anual de 2 por ciento y el empleo alrededor de 1.5 por ciento.

La estabilidad también se refleja en la permanencia de las empresas. Poco más de 5 mil establecimientos, con más de diez años de operación, generan 85 por ciento de la producción manufacturera, constituyendo la columna vertebral del ecosistema industrial sinaloense y una base de experiencia que reduce riesgos para nuevas inversiones y favorece la integración de proveedores locales.

Especialización con necesidad de diversificación

La principal fortaleza manufacturera del estado continúa siendo la industria alimentaria, que concentra aproximadamente cuatro de cada diez empleos del sector. A ella se suman la fabricación de equipo de transporte, bebidas y tabaco, productos metálicos y muebles, actividades que muestran una creciente diversificación industrial.

Para Loredo, esta estructura representa una oportunidad para desarrollar nuevos encadenamientos productivos. La llegada de inversiones industriales sólo generará un mayor impacto económico si las empresas sinaloenses logran convertirse en proveedoras de maquinaria, mobiliario, productos metálicos, mantenimiento, automatización, logística y otros servicios especializados.

El objetivo no es sustituir la vocación agroalimentaria del estado, sino ampliar el valor agregado que hoy se genera alrededor de ella mediante una industria manufacturera cada vez más integrada.

La brecha que limita el crecimiento

Los estudios analizados por ADECEM y CORE33 identifican una paradoja que resume buena parte del desafío industrial.

Las microempresas representan 94.9 por ciento de las unidades manufactureras, pero generan únicamente 9.1 por ciento de la producción. En contraste, 45 grandes empresas, equivalentes apenas al 0.4 por ciento del total, concentran más de la mitad de la producción estatal.

Entre ambos extremos aparece un segmento estratégico: las empresas medianas. Aunque representan menos del uno por ciento de las unidades económicas, aportan cerca de una tercera parte de la producción y registran los mayores niveles de productividad por trabajador.

Desde la perspectiva de las organizaciones empresariales, este segmento puede convertirse en el principal motor para integrar cadenas de proveeduría, desarrollar productos especializados y arrastrar a pequeñas empresas hacia mercados de mayor valor.

Modernizar antes que crecer

Para Loredo López, el siguiente paso no consiste únicamente en ampliar la capacidad instalada, sino en cerrar las brechas que limitan la competitividad.

Los diagnósticos muestran que sólo 18.41 por ciento de las empresas manufactureras utiliza equipo de cómputo y apenas 21.54 por ciento dispone de internet para sus procesos productivos. A ello se suma que únicamente 8.93 por ciento ha logrado acceder a financiamiento.

Estas condiciones dificultan la incorporación de nuevas tecnologías, certificaciones, automatización y mejores sistemas de gestión, particularmente entre micro y pequeñas empresas.

Por ello, las comisiones de Manufacturas e Industria consideran prioritario impulsar programas de digitalización, modernización tecnológica, acceso al crédito y fortalecimiento empresarial que permitan elevar la productividad antes que limitarse a incrementar el número de establecimientos.

Organizar a las empresas para aprovechar las inversiones

Desde la visión de ADECEM y CORE33, la llegada de nuevas inversiones industriales representa una oportunidad que sólo podrá aprovecharse plenamente si existe una base empresarial preparada para atender sus requerimientos.

Las organizaciones consideran necesario construir una agenda permanente que vincule a las grandes empresas con proveedores locales, promueva certificaciones, impulse la capacitación técnica y fortalezca la colaboración entre empresarios, universidades, instituciones financieras y autoridades.

Para José Miguel Loredo, la competitividad industrial ya no depende exclusivamente de producir más. Depende de desarrollar empresas capaces de integrarse a cadenas globales de valor, adoptar nuevas tecnologías y responder a estándares cada vez más exigentes.

En esa tarea, las organizaciones empresariales buscan desempeñar un papel articulador. Más que representar intereses sectoriales, pretenden convertir la información económica en una agenda de trabajo que permita cerrar las brechas de productividad, fortalecer a las empresas locales y construir un ecosistema manufacturero con mayor capacidad para sostener el crecimiento económico de Sinaloa durante las próximas décadas.