Sinaloa Productivo y Resiliente

Uniformes escolares activan red local que genera hasta 12 mil empleos en Sinaloa

El programa de entrega gratuita de uniformes, calzado y útiles escolares articula talleres textiles, papelerías, centros de canje y empleos directos e indirectos; el reto es convertir esa capacidad estacional en una cadena productiva con demanda más estable.

El Programa de Uniformes, Calzado y Útiles Escolares Gratuitos del Gobierno del Estado de Sinaloa no sólo representa un apoyo directo para las familias sinaloenses. Con el paso de los años también ha permitido articular una red productiva y comercial integrada por talleres de costura, negocios papeleros, centros de canje, proveedores y empleos directos e indirectos en todo el estado.

En conjunto, el programa está preparado para beneficiar a cerca de 500 mil alumnos de educación básica pública mediante la entrega de alrededor de un millón de uniformes, además de útiles escolares y calzado deportivo para preescolar.

Cada año participan en este esfuerzo un promedio de 370 negocios, que generan alrededor de 12 mil empleos directos e indirectos. De ese total, aproximadamente 190 negocios se dedican a la fabricación y canje de uniformes, operan cerca de 500 centros de canje y generan alrededor de 8 mil empleos. Los otros 180 negocios pertenecen al ramo papelero, con una aportación estimada de 4 mil empleos adicionales.

Antes de la puesta en marcha del programa, hace más de una década, la actividad textil tenía una presencia limitada en Sinaloa. Hoy existen alrededor de 300 talleres de costura dedicados a la maquila, confección y comercialización de prendas, explica Antonio Vázquez Ibarra, presidente de la Asociación de Textileros del Estado de Sinaloa (Asintex).

En el presente ejercicio fueron autorizados 188 proveedores de uniformes y 176 proveedores de útiles escolares. El presupuesto aproximado para uniformes, útiles y calzado deportivo de preescolar asciende a 320 millones de pesos.

Una compra pública que se queda en Sinaloa

Para participar, los fabricantes deben estar establecidos en Sinaloa, contar con actividad económica relacionada con la confección en serie de uniformes escolares, industriales o ropa de trabajo, y cumplir con sus obligaciones fiscales, laborales y patronales.

La asignación se define a partir de la capacidad instalada y de producción que cada proveedor acredita, con supervisión técnica de ICATSIN. Los nuevos participantes inician, por regla general, con volúmenes mínimos de mil uniformes o mil paquetes de útiles escolares.

El programa contempla tanto a fabricantes que producen y canjean uniformes como a comercializadores que realizan el canje de prendas elaboradas por otros talleres.

También se consideran anticipos para fabricantes autorizados, con el propósito de que cuenten con recursos para adquirir insumos y poner en marcha la producción antes del periodo de canje. De esta manera, la compra pública no sólo entrega apoyos escolares: activa con anticipación una cadena local de confección, distribución, comercio y empleo.

Una red productiva que llega a todo el estado

Para Antonio Vázquez, el reto no consiste únicamente en confeccionar las prendas, sino en lograr que lleguen a tiempo a las familias beneficiarias.

En pocas semanas, talleres y centros de canje deben poner en manos de madres y padres de familia uniformes, calzado y útiles escolares. El esquema evita que muchas familias tengan que trasladarse a los principales centros urbanos para recibir los paquetes, una ventaja especialmente relevante en localidades alejadas.

La red de uniformes puede llegar a operar cerca de 500 centros de canje distribuidos en distintas regiones de Sinaloa, desde Rosario hasta El Fuerte.

El ahorro se vuelve mayor en hogares con dos o más hijos inscritos en educación básica, pues el apoyo se multiplica por cada estudiante.

Empleo directo e indirecto en toda la cadena

La red vinculada con el programa puede generar hasta 12 mil empleos directos e indirectos durante los meses de mayor demanda, si se considera tanto el sector textil como el ramo papelero.

En el caso de los uniformes, el impacto alcanza a quienes trabajan directamente en talleres de corte, confección, bordado, supervisión, empaque y administración; también a personas y negocios que participan en transporte, distribución, operación de centros de canje, mantenimiento de maquinaria y suministro de telas, hilos, botones, etiquetas y otros insumos.

Una parte relevante de la confección se desarrolla mediante trabajo por encargo desde casa, particularmente por madres de familia que reciben piezas específicas y realizan tareas por destajo. Este esquema permite ampliar la capacidad de los talleres en temporada alta y abrir oportunidades de ingreso para personas que no siempre pueden incorporarse a una jornada laboral convencional fuera de casa.

La diversidad de la red también es amplia. Existen pequeños talleres que canjean entre dos mil y tres mil uniformes, mientras otros llegan a atender hasta 40 mil o 45 mil prendas durante el ciclo escolar.

Capacitación y control de calidad

ICATSIN participa en la supervisión de talleres y en la evaluación de la capacidad instalada de producción. También interviene en la definición de especificaciones técnicas, prototipos, tallas y lineamientos para la fabricación de uniformes.

Este acompañamiento permite verificar que los talleres cuenten con maquinaria, personal y condiciones suficientes para cumplir con el volumen asignado.

Para los textileros, esta colaboración contribuye a estandarizar procesos, elevar la calidad de las prendas y fortalecer una actividad donde conviven pequeños talleres familiares, empresas formales y esquemas de maquila por encargo.

Una capacidad que nació con el programa

La Asociación de Textileros del Estado de Sinaloa surgió poco antes de la creación del programa de uniformes escolares, precisamente para que los talleres locales pudieran organizarse, apoyarse mutuamente y cumplir con las exigencias de producción y distribución.

Actualmente agrupa a 80 socios, aunque la participación en el programa no está limitada a quienes pertenecen a la organización.

Cada año, el Gobierno del Estado emite una convocatoria abierta para fabricantes y comercializadores interesados en participar. Esta apertura ha permitido que negocios de distintos tamaños encuentren una oportunidad dentro del programa y que la red mantenga una composición diversa.

Una base productiva formal

Los registros oficiales confirman que la confección de uniformes ya cuenta con una presencia identificable dentro de la economía sinaloense. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2023 existían en Sinaloa 119 unidades económicas dedicadas a la confección en serie de uniformes, con 604 personas ocupadas.

Si se consideran además actividades relacionadas con la fabricación de ropa exterior de tejido de punto, confección de prendas de vestir sobre medida y confección en serie de otra ropa exterior de materiales textiles, el universo asciende a 718 unidades económicas y 1,453 personas ocupadas.

Estas cifras muestran una base productiva formal que puede fortalecerse mediante capacitación, compras institucionales y una demanda menos concentrada en el ciclo escolar.

El reto de crecer más allá del ciclo escolar

El programa ha permitido sostener actividad y empleo, pero la demanda se concentra en una temporada específica del año.

Para que esta red textil local pueda consolidarse, Antonio Vázquez Ibarra considera necesario ampliar los mercados hacia empresas sinaloenses, escuelas privadas, instituciones de educación media superior y dependencias públicas que requieren uniformes o ropa de trabajo.

En esa perspectiva, subsistemas como Conalep, Cobaes y otras instituciones públicas podrían adquirir uniformes a proveedores locales. También existen oportunidades en corporaciones policiacas, personal administrativo, centros de gobierno y dependencias que demandan prendas especializadas.

La posibilidad no se limita a sustituir proveedores externos. Se trata de construir una demanda institucional más estable que permita a los talleres planear producción, invertir en maquinaria, capacitar personal y conservar empleos durante todo el año.

De programa social a capacidad productiva

El Programa de Uniformes, Calzado y Útiles Escolares Gratuitos se ha consolidado como un apoyo relevante para las familias sinaloenses, pero su impacto trasciende la entrega de prendas, calzado y útiles.

También ha activado talleres de costura, negocios papeleros, centros de canje, empleos directos e indirectos y una capacidad de distribución que cubre prácticamente todo el territorio estatal.

El programa demuestra que una compra pública puede producir un doble efecto: aliviar el gasto de las familias y sostener empleos, talleres, comercios y proveedores dentro del estado.

El siguiente paso consiste en que esa red encuentre demanda durante todo el año, mediante compras institucionales y empresariales que permitan transformar una actividad estacional en una cadena productiva local más estable.