En la Mesa 1 del Seminario de Economía Cultural y Creativa 2026, especialistas coinciden en que la actividad ya es relevante, aunque sigue operando de forma dispersa.
Las notas musicales de la tambora o de los chirrines, las artesanías, los murales urbanos, las obras pictóricas y los contenidos digitales que se producen en Sinaloa no solo construyen identidad; también generan valor económico.
En conjunto, estas actividades conforman lo que se conoce como industria cultural y creativa, cuya aportación a la economía estatal ya es significativa, aunque su potencial aún no se consolida plenamente.
Este fue el eje de la Mesa 1. Configuración de la Economía Cultural en Sinaloa, realizada en el marco del Seminario de Economía Cultural y Creativa en Sinaloa 2026, organizado por el Instituto Sinaloense de Cultura (ISIC).
En esta mesa participaron Paola Marbella Cañizales Ramírez, Julio César Silvas Inzunza, Mercedes Dorado Bojórquez, Alicia Montaño y el director del ISIC, Juan Salvador Avilés Ochoa.
Una actividad cultural que ya es economía
Durante su intervención, Avilés destacó que la industria cultural y creativa aporta alrededor de 14 mil millones de pesos al Producto Interno Bruto de Sinaloa, lo que representa cerca del 2.1% de la economía estatal.
Explicó que esta medición se realiza a través de la cuenta satélite del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que integra diez actividades, entre ellas artes visuales, artes escénicas, música, libros, medios audiovisuales, artesanías, diseño, patrimonio cultural, formación artística y contenidos digitales.
A nivel nacional, añadió, esta industria genera más de 800 mil millones de pesos, con una participación predominante del sector privado.
No obstante, precisó que estas cifras contemplan únicamente la economía formal, por lo que el impacto real podría ser mayor debido a la alta presencia de actividades informales en el sector.
Una economía amplia que no siempre se mide completa
El director del ISIC subrayó que una parte importante de la actividad cultural ocurre fuera de los registros formales: músicos que trabajan sin contrato, artistas que venden directamente sus obras, creadores digitales independientes y producción cultural en los hogares, como artesanías y oficios tradicionales.
También mencionó la enseñanza informal del arte y los eventos culturales organizados por la comunidad, los cuales no siempre se cuantifican de manera adecuada.
Aun con estas limitaciones, señaló que la aportación del sector es comparable con la de actividades tradicionales como la pesca en Sinaloa, y que además se suma el turismo cultural, que representa cerca del 20% del total del turismo.
Fragmentación, el principal obstáculo
A partir de este diagnóstico, los participantes coincidieron en que el principal reto del sector es su falta de articulación.
Julio César Silvas Inzunza señaló que, aunque existe una base importante de actividad cultural, ésta se desarrolla principalmente desde lo individual, lo que limita su capacidad para escalar e integrarse como un motor estructural de desarrollo.
“No vemos, de momento, que esa falta de integración permita consolidarse como un motor estructural”, planteó.
En la misma línea, Mercedes Dorado Bojórquez, directora general de CODESIN, destacó que el sector ha crecido de manera sostenida, pero que su consolidación depende de la integración de cadenas de valor y de la coordinación entre los distintos actores.
Organizar para potenciar el crecimiento
Desde el ámbito académico, Paola Marbella Cañizales Ramírez señaló que el seminario representa una oportunidad para generar convergencia entre quienes participan en la industria cultural y creativa, e incluso avanzar hacia la construcción de un modelo que dinamice el sector.
Los participantes coincidieron en que las políticas públicas pueden jugar un papel clave para articular los esfuerzos existentes y potenciar su impacto económico.
La cultura como práctica viva y espacio de comunidad
La promotora cultural y maestra de danza Alicia Montaño destacó que la actividad cultural en Sinaloa ya muestra señales de expansión y profesionalización.
Señaló que cada vez más jóvenes participan en estas actividades con una visión estructurada, apoyados por instituciones educativas, organismos culturales y la iniciativa privada.
“Hoy la cultura llega a más personas. Muchos jóvenes la recrean con una visión fresca y profesional”, expresó.
Además, subrayó que la cultura no solo aporta al desarrollo económico, sino que también fortalece la identidad, la comunidad y el tejido social.
Un sector con potencial por consolidar
La discusión dejó una coincidencia central: la economía cultural en Sinaloa ya existe, ya genera valor y ya muestra crecimiento, pero su impacto sigue limitado por la falta de integración.
El reto, plantearon los participantes, no es generar más actividad, sino organizar la que ya está en marcha, conectar a sus actores y fortalecer sus cadenas de valor.
En ese proceso, la cultura no solo representa una oportunidad económica, sino también un elemento clave para el desarrollo social del estado.

