En contextos de tensión económica y social, el papel de las instituciones públicas deja de ser administrativo y se vuelve estratégico. La Secretaría de Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Culiacán, encabezada por Janet Faviola Tostado Noriega, ha transitado hacia ese terreno: el de una dependencia que no solo ejecuta programas, sino que busca intervenir directamente en la dinámica del ecosistema productivo para sostenerlo, reactivarlo y reconfigurarlo.
El punto de partida ha sido claro: ante un entorno complejo, la política económica municipal no puede operar desde el escritorio. La decisión ha sido construir una relación directa y permanente con los sectores productivos —desde comerciantes y restauranteros hasta pescadores, apicultores o tianguistas— para identificar necesidades reales y, a partir de ello, redirigir programas y recursos. Esta lógica de proximidad implica pasar de una política genérica a una gestión adaptativa, donde el diseño institucional se ajusta al pulso del territorio .
Bajo este enfoque, el eje más robusto ha sido el fomento económico a través de financiamiento. El programa Impulso NAFIN, que comenzó a operar en 2022 a partir de la decisión del municipio de inyectar recursos para conformar su propia bolsa de crédito, se ha convertido en uno de los instrumentos más relevantes de intervención. Tan solo en 2025 permitió canalizar 62 millones de pesos a más de 60 empresas, y para 2026 la apuesta es duplicar la capacidad de colocación, con una bolsa proyectada de 120 millones de pesos que podría escalar hasta 300 millones con la concurrencia estatal. Más allá de la cifra, el diseño del programa revela una lectura puntual del problema: eliminar la barrera de las garantías y ofrecer condiciones blandas para facilitar el acceso al crédito, uno de los principales cuellos de botella para las pequeñas y medianas empresas.
En paralelo, el programa de Microcréditos para Mujeres Emprendedoras ha consolidado una línea de política pública con enfoque social y productivo. Más de siete mil beneficiarias y una dispersión acumulada superior a los 128 millones de pesos reflejan una intervención sostenida que no solo impulsa ingresos, sino que fortalece economías familiares y redes locales. El crecimiento registrado en 2025, donde se concentró más del 50 por ciento del total histórico del programa, evidencia una aceleración deliberada en la colocación de recursos en momentos donde el mercado por sí solo no absorbe la demanda.
La intervención municipal no se limita al financiamiento. Los Certificados de Promoción Fiscal han permitido acompañar más de 60 proyectos con una inversión estimada de 13 mil 700 millones de pesos, vinculando incentivos fiscales con proyectos estratégicos como la revitalización del Centro Histórico y el corredor del Paseo del Ángel. En este punto, la Secretaría opera como articuladora entre inversión privada y política urbana, alineando intereses que, de otra forma, avanzarían de manera fragmentada.
A nivel sectorial, la estrategia incorpora acciones puntuales que, aunque de menor escala, tienen un efecto directo en la productividad. El equipamiento a apicultores, el apoyo a pescadores con insumos y mejora de prácticas, o la promoción de actividades como la siembra de alevines, responden a una lógica de fortalecimiento de capacidades en sectores que suelen quedar fuera de las políticas tradicionales. Aquí, la intervención pública no sustituye al mercado, pero sí corrige condiciones de desventaja.
En el frente regulatorio, la Secretaría ha asumido otra de las funciones críticas para la competitividad: la simplificación de trámites. La alineación con la Ley Nacional para eliminar trámites burocráticos y la coordinación con la Agencia Nacional de Transformación Digital buscan reducir tiempos, costos y fricciones en la apertura de empresas. Este componente, menos visible que el financiamiento, resulta determinante, ya que la carga regulatoria es uno de los factores que más inciden en la informalidad y en la decisión de invertir.
El entorno laboral ha sido otro frente de atención. Aunque se reconoce una contracción en el número de empleos formales en ciertos periodos, la reducción de la tasa de desocupación hacia niveles cercanos al promedio nacional muestra una estrategia orientada a sostener el equilibrio del mercado laboral. Ferias de empleo, vinculación directa con empresas y difusión de vacantes forman parte de un esfuerzo por cerrar la brecha entre oferta y demanda, aunque la propia Secretaría identifica áreas de oportunidad en la conexión con buscadores de empleo .
A este entramado se suma una dimensión que trasciende lo económico en sentido estricto: la reactivación social. Eventos deportivos, festivales gastronómicos y estrategias de promoción como los viajes de familiarización buscan reconstruir la percepción de la ciudad, tanto hacia adentro como hacia afuera. En un contexto donde la narrativa incide directamente en la inversión y el consumo, recuperar el uso del espacio público y la vida cotidiana se convierte también en una política económica.
La estructura operativa de la Secretaría, con un equipo de alrededor de 50 personas y recursos limitados frente a la magnitud de los retos, obliga a una gestión basada en coordinación, priorización y apalancamiento de recursos externos. La mezcla de fondos municipales, estatales y federales, así como la colaboración con organismos empresariales y sociales, evidencia que la política económica local ya no puede entenderse de forma aislada, sino como parte de un sistema de múltiples actores.
El reto hacia adelante se mantiene claro: fortalecer la empleabilidad, profundizar el acceso al financiamiento y seguir reduciendo fricciones para la actividad económica. Pero, sobre todo, sostener una lógica de intervención basada en cercanía, lectura del entorno y capacidad de ajuste. Porque en escenarios de incertidumbre, la diferencia entre estancamiento y reactivación no suele depender de grandes anuncios, sino de la consistencia en la ejecución.
En ese sentido, la Secretaría de Desarrollo Económico de Culiacán no opera únicamente como una instancia de apoyo, sino como un nodo de articulación que busca mantener en movimiento a un ecosistema que, por naturaleza, es diverso, vulnerable y profundamente dinámico.

