Sinaloa Productivo y Resiliente

Tacos de Cabeza de la Juárez: 63 años de resiliencia gastronómica en Culiacán

En una ciudad donde las crisis sanitarias, económicas y de seguridad han puesto a prueba a miles de negocios, Tacos de Cabeza de la Juárez se mantiene como un ejemplo vivo de resiliencia productiva y arraigo local. Con 63 años de historia, este emblemático negocio familiar no solo ha sobrevivido, sino que ha sabido adaptarse, renacer y multiplicarse, consolidándose como un ícono gastronómico de Culiacán.

Fundado en 1962, el negocio ha atravesado distintas etapas de dificultad, pero las más recientes pusieron a prueba su capacidad de resistencia. Primero, la pandemia de Covid-19, que vació calles y restaurantes. Luego, una nueva ola de incertidumbre provocada por episodios de violencia que volvieron a ahuyentar a los comensales.

Durante la pandemia, recuerda Tomás Sánchez —segunda generación al frente del negocio—, la clientela dejó de acudir por temor al contagio y las mesas quedaron vacías. La situación fue tan crítica que se tomó la difícil decisión de cerrar por algunos días. Cuando la actividad comenzó a reactivarse, nuevas disposiciones sanitarias limitaron la operación.

“Solo podían sentarse cuatro personas por mesa, separadas. Pero llegaban familias completas, de ocho o nueve integrantes, que convivían juntas en casa y querían sentarse juntas aquí”, relata. El temor no era infundado: una inspección podía traducirse en multas imposibles de asumir en un momento de ventas frágiles.

Para sostener el negocio y proteger a su personal, optaron por vender únicamente para llevar, una decisión que permitió resistir hasta que la emergencia sanitaria fue disminuyendo. Con ello regresaron poco a poco los clientes habituales, junto con el ritual de los tacos de lengua, maciza, ojo, seso, paladar, molleja, tronco, oreja o cachete, acompañados de aguas frescas elaboradas en casa.

Otra crisis, la misma resistencia

Cuando parecía que la normalidad volvía, una nueva crisis golpeó a los comercios del centro. El 9 de septiembre de 2024, conflictos entre grupos delictivos provocaron nuevamente calles vacías y negocios sin clientes.

Las mesas volvieron a quedar desiertas y, otra vez, se tomó la decisión de cerrar por algunos días. “Al caer la noche, ya no pasaban carros ni personas. El bullicio desaparecía y la soledad se sentía”, recuerda Tomás.

Sin ventas, no había recursos para cubrir nómina, cuotas del IMSS, Infonavit ni obligaciones fiscales. Aun así, no hubo condonaciones ni apoyos extraordinarios. “Nunca nos condonaron nada, aunque no vendiéramos”, afirma.

Más de un año después, la situación comenzó a mejorar. Desde antes de diciembre de 2025, la gente volvió gradualmente a las calles y las mesas regresaron a llenarse. Hoy, el negocio ha retomado horarios más estables: abre a las cinco de la tarde y cierra a las once de la noche.

Aunque aún no se alcanzan los mejores momentos —cuando se vendían hasta 20 cabezas por noche—, actualmente se procesan en promedio 12 cabezas diarias, reflejo de una recuperación progresiva.
Empresa familiar con raíces profundas
La historia de Tacos de Cabeza de la Juárez es también la historia de una empresa familiar sinaloense. Su fundador, don Jorge Sánchez Osuna, llegó a Culiacán desde la comunidad de El Verde, en el municipio de Concordia, en busca de oportunidades. Tras trabajar en una taquería de cabeza de res, el negocio le fue traspasado y dio origen a una tradición que hoy forma parte del paisaje urbano de la ciudad.

Desde pequeños, Tomás y sus hermanos crecieron entre mesas, cazuelas y clientes, aprendiendo el oficio y el valor del trabajo constante. El negocio ha cambiado de ubicación varias veces, hasta establecerse definitivamente en la esquina de Benito Juárez y Jorge Almada, donde opera desde 2003.

Hoy, la taquería es una empresa de dos generaciones, con la tercera comenzando a integrarse, asegurando continuidad, conocimiento y arraigo.

Crecimiento con identidad

El reconocimiento del negocio ha trascendido Culiacán. Clientes de León, Guadalajara, Ciudad Obregón y Hermosillo han expresado interés en llevar el concepto a otras ciudades, e incluso ha habido propuestas para abrir en Estados Unidos.

Sin embargo, Tomás ha optado por la prudencia. “Las asociaciones con terceros no siempre son buenas”, señala. Por ahora, no ha decidido abrir sucursales formales, aunque la semilla ya germinó: dos de sus hermanos han abierto taquerías en distintos sectores de la ciudad, bajo otros nombres, replicando el saber hacer aprendido en casa.

Un símbolo de Sinaloa Productivo y Resiliente
La historia de Tacos de Cabeza de la Juárez refleja lo que significa Sinaloa Productivo y Resiliente: negocios que resisten crisis múltiples, que se adaptan sin perder identidad, que generan empleo, sostienen familias y forman parte del tejido económico y cultural de la ciudad.

A pesar de pandemias, violencia e incertidumbre, este negocio sigue abierto, alimentando no solo a sus clientes, sino también a una narrativa distinta: la de quienes, día a día, apuestan por trabajar, permanecer y reconstruir desde lo local.