Sinaloa Productivo y Resiliente

Canieti Sinaloa: tecnología, talento y resiliencia en tiempos de desaceleración

La industria tecnológica en Sinaloa enfrenta menor dinamismo económico, pero se reorganiza con flexibilidad laboral, búsqueda de mercados nacionales, adopción acelerada de inteligencia artificial y una red creciente de cooperación con universidades y empresas del noroeste, afirma Canieti.

En medio de una desaceleración económica, ajustes de horarios, cautela en las inversiones y un entorno social complejo, la industria de tecnología en Sinaloa no se ha detenido: se está reconfigurando. Las empresas del sector han aprendido a trabajar con esquemas más flexibles, a buscar clientes fuera del estado y a convertir la crisis en un catalizador para innovar.

Desde esa trinchera, Rafael Galeana Fragozo, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) en Sinaloa, resume el momento con una palabra que ya forma parte del vocabulario empresarial del estado: resiliencia.

“Hoy es Sinaloa; mañana puede ser otro estado. Lo importante es que las empresas tengan redes, mercados y capacidades para no depender solo de su entorno inmediato”, plantea.

A nivel nacional, la Canieti es mucho más que una organización gremial: es pieza clave en la cadena de valor de la industria electrónica. Uno de sus servicios más sensibles es la validación de normas oficiales mexicanas (NOMs) para productos electrónicos que ingresan al país.

Cuando una empresa quiere importar un equipo, un cargador, un dispositivo con batería o cualquier artículo que se conecta a la corriente eléctrica, ese producto debe cumplir con especificaciones claras: voltaje, tipo de enchufe, información del empaque, características de seguridad. La Canieti opera laboratorios donde se revisan esos estándares y se determina si el artículo es apto o no para el mercado mexicano.

En Sinaloa, la delegación agrupa a cerca de 40 empresas, con un abanico que va desde comercializadoras de equipo de cómputo y redes hasta firmas de consultoría, desarrollo de software, soluciones de inteligencia artificial y nuevos emprendimientos.

Son compañías que, aunque en muchos casos no están frente al consumidor final, resultan decisivas para que otras industrias —comercio, agricultura, servicios, gobierno— se mantengan operando con infraestructura tecnológica actualizada.

LA PANDEMIA COMO PUNTO DE QUIEBRE

Para este sector, la pandemia fue un momento de ruptura y, al mismo tiempo, de oportunidad. El teletrabajo y las clases en línea cambiaron la demanda de un día para otro: se disparó la necesidad de laptops, redes seguras, servidores remotos, plataformas de comunicación y sistemas de gestión.

“En equipo de cómputo hubo un repunte claro. En desarrollo de software se estabilizó: algunas empresas frenaron proyectos por la incertidumbre, otras decidieron invertir y construir plataformas para trabajar, vender o atender clientes a distancia”, explica Galeana.

Más allá de las cifras, la gran transformación fue cultural. El modelo de oficina tradicional —jornada fija, escritorio, supervisión presencial— comenzó a ceder frente a esquemas remotos e híbridos que hoy muchas personas no solo aceptan, sino exigen.

Las nuevas generaciones, apunta, valoran tanto o más que el sueldo la posibilidad de trabajar desde casa algunos días, viajar, manejar horarios flexibles y medir su desempeño por resultados, no por horas de presencia. Esa tendencia llegó para quedarse y ha obligado a las empresas de tecnología a rediseñar sus estructuras, sus esquemas de contratación y su gestión del talento.
En paralelo, la crisis sanitaria fortaleció algo que hoy es una ventaja competitiva: la cooperación entre empresas. Canieti ha impulsado que las compañías compartan recurso humano, formen células conjuntas de desarrollo de software y se repartan proyectos que, por su tamaño o complejidad, rebasan la capacidad de una sola firma.

MENOS DINAMISMO LOCAL, MÁS MIRADA HACIA AFUERA

El contexto actual, reconoce Galeana, está marcado por una baja en el dinamismo de muchas empresas tractoras del estado, incluyendo cadenas comerciales que históricamente han sido grandes consumidoras de tecnología.

“Hay baja de ventas en algunos afiliados y eso impacta. Muchas compañías han tenido que compactarse y ser más selectivas con sus inversiones en tecnología”, comenta.

Ante ese escenario, la estrategia ha sido clara: salir a buscar mercados fuera de Sinaloa. No solo clientes, sino también alianzas con empresas de otros estados, participación en licitaciones nacionales y la posibilidad de ofrecer soluciones ya desarrolladas a nuevos socios, sin empezar desde cero cada vez.

Esa lógica ha llevado a la cámara a articular una relación especialmente cercana con Sonora y las dos Bajas, donde se ha conformado una red noroeste de empresas de base tecnológica y startups que intercambian experiencias, participan en eventos conjuntos y exploran proyectos compartidos.

La idea de fondo es que, si una entidad atraviesa una crisis económica o de consumo, la red regional y nacional permita que las empresas sigan generando negocio, incluso si su mercado inmediato se contrae.

TALENTO LOCAL Y VÍNCULO CON UNIVERSIDADES

Si algo subraya Galeana es que Sinaloa sí tiene talento en ciencia, tecnología y desarrollo de software. El problema no es la formación; es la retención.

“Los jóvenes salen bien preparados. El reto es generar suficiente oferta laboral de calidad para que no tengan que irse a buscar oportunidades fuera del estado”, señala.

Canieti tiene presencia en los consejos académicos de instituciones como la Universidad Autónoma de Occidente, el Tecnológico de Culiacán, el Tec de Monterrey, el Tecnológico del Dorado, la UCIN, la Universidad Politécnica de Mazatlán, y mantiene diálogo con la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Desde esos espacios, la cámara participa en la actualización de planes de estudio, en la apertura de nuevas carreras y en la revisión de contenidos para que respondan a lo que realmente demanda el mercado laboral tecnológico. Además, impulsa el modelo dual, en el que los estudiantes se incorporan desde semestres tempranos a proyectos concretos dentro de las empresas.

Aunque al inicio no sean totalmente productivos, esa experiencia les abre la puerta a empleos formales en el mediano plazo y permite a las compañías identificar y formar a futuro talento clave.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: REVOLUCIÓN EN MARCHA

Si la pandemia aceleró la digitalización, la inteligencia artificial (IA) está reescribiendo el mapa completo de la productividad. Para Galeana, la comparación correcta no es con una simple ola tecnológica, sino con la revolución industrial, pero multiplicada.

Se estima, dice, que la IA podría tener al menos tres veces más impacto que aquella transformación en la manera en que se realizan hoy los oficios y trabajos cotidianos. Desde la automatización de tareas repetitivas hasta la personalización de servicios, la IA se está incorporando de forma transversal a sectores como comercio, agricultura, manufactura, servicios financieros y seguridad pública.

En Sinaloa, ya se empiezan a ver proyectos de chatbots para atención a clientes, sistemas de recomendaciones, automatización de procesos internos y herramientas de soporte en canales como WhatsApp y redes sociales.

Aunque el uso de IA se ha masificado rápidamente, Galeana advierte que el potencial todavía está lejos de aprovecharse al máximo. Y, lejos de verlo como una amenaza de desempleo, lo plantea como un campo de oportunidades para nuevos emprendimientos, ideas de negocio y modelos de trabajo más creativos.

FRAUDES, DESCONFIANZA Y EL RETO DEL E-COMMERCE LOCAL

No todo es avance limpio. Uno de los factores que más preocupa al sector es la proliferación de fraudes electrónicos: clonación de tarjetas, páginas falsas, correos de phishing, sitios que simulan ser plataformas legítimas para robar datos bancarios.

Ese fenómeno ha golpeado la confianza del usuario y ha provocado que muchos consumidores prefieran comprar únicamente en gigantes del comercio electrónico o en cadenas nacionales muy reconocidas. Para un pequeño o mediano negocio que intenta consolidar su propia tienda en línea, esto representa una barrera adicional.

Galeana considera que aquí se abre una agenda de trabajo compartida entre empresas, universidades, cámaras y gobiernos: educación digital, campañas de concientización, fortalecimiento de ciberseguridad y políticas públicas que protejan al consumidor sin frenar la innovación.

RESILIENCIA EMPRESARIAL COMO POLÍTICA DE FUTURO

Al final, la lectura de Canieti sobre Sinaloa no es derrotista, pero tampoco ingenua. Reconoce una etapa económica complicada, una caída de dinamismo en el mercado interno y una ciudadanía más cauta.

Pero también observa empresas que se reorganizan, se compactan, se digitalizan y salen a buscar proyectos a otros estados y países. Empresas que han comenzado a pensar su futuro no desde la resignación, sino desde la diversificación, la creación de redes y la apuesta por el talento local.

En ese contexto, las cámaras empresariales, sostiene Galeana, deben asumirse como actores de interés público: no solo gremios de defensa corporativa, sino puentes entre el sector privado, los gobiernos, las universidades y la sociedad civil para diseñar estrategias de competitividad y desarrollo humano.
Sinaloa, visto desde la industria tecnológica, no es solo un territorio de agricultura y servicios: es un territorio de ingenieros, programadores, científicos de datos, docentes y emprendedores digitales que todos los días trabajan para que la productividad y la resiliencia social vayan de la mano.