El expresidente nacional de Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia sostuvo que el futuro de las empresas mexicanas dependerá menos de los tratados comerciales y más de su capacidad para elevar productividad, innovar, generar información para decidir mejor, construir alianzas y competir con estándares internacionales.
Los tratados comerciales pueden abrir mercados, pero no garantizan por sí solos el crecimiento de las empresas. La verdadera ventaja competitiva estará en aquellas organizaciones capaces de mejorar permanentemente su productividad, fortalecer su calidad, medir sus resultados, planear a largo plazo y construir alianzas para enfrentar un entorno global cada vez más exigente.
Ese fue el eje de la conferencia magistral «De una economía cerrada al T-MEC», impartida por José Miguel Loredo López, expresidente local y nacional de la Confederación Mexicana de Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia, durante un encuentro organizado por la Asociación de Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia de Culiacán (EVM).
Al presentar al conferencista, la dirigencia del organismo destacó que uno de los objetivos permanentes de EVyM consiste en acercar a empresarios y directivos experiencias que les permitan comprender mejor los cambios económicos y fortalecer la toma de decisiones dentro de sus organizaciones.
Durante casi dos horas, Loredo realizó un recorrido por la evolución económica de México, desde el modelo de sustitución de importaciones hasta la integración comercial con América del Norte. Sin embargo, aclaró que el verdadero desafío ya no consiste en discutir si el país debe tener o no tratados comerciales, sino en construir empresas capaces de competir exitosamente dentro de ellos.

La competencia cambió para siempre
Loredo recordó que durante varias décadas México operó bajo un modelo económico protegido, con fuertes restricciones a las importaciones y amplios mecanismos de defensa para la industria nacional.
Ese esquema permitió el crecimiento de numerosas empresas, aunque también redujo los incentivos para innovar, elevar la calidad y competir internacionalmente.
Como ejemplo relató que, siendo joven, tuvo que esperar durante meses la autorización para importar un simple balero de aproximadamente 60 dólares, indispensable para poner nuevamente en operación una máquina valuada en millones de pesos.
La autoridad sostenía que esa pieza podía conseguirse en México, aunque técnicamente no cumplía con las especificaciones requeridas.
También recordó el fenómeno de la llamada «fayuca», consecuencia de las restricciones para importar numerosos productos y de la corrupción que existía alrededor del comercio exterior.
Posteriormente llegó la incorporación de México al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), seguida por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y, actualmente, el T-MEC.
La apertura permitió ampliar la oferta para los consumidores y reducir el costo de numerosos bienes; sin embargo, también obligó a miles de empresas mexicanas a competir contra organizaciones mucho más desarrolladas.
Muchas desaparecieron. Otras dejaron de fabricar para convertirse en importadoras y distribuidoras. Las que permanecieron fueron aquellas que lograron adaptarse.
El reto ya no es el tratado; es la competitividad
Para Loredo, el debate actual no debe centrarse exclusivamente en el futuro del T-MEC.
El verdadero desafío consiste en fortalecer la capacidad competitiva de las empresas mexicanas.
«Para competir tenemos que hacer alianzas, incluso con quienes también son nuestros competidores», afirmó.
Explicó que compartir experiencias, desarrollar proyectos conjuntos, realizar compras consolidadas y fortalecer cadenas de proveeduría permite que empresas de distintos tamaños enfrenten mercados cada vez más complejos.
En su opinión, la cooperación empresarial dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.
Exportar no siempre significa producir más
Loredo también llamó a analizar con mayor profundidad las cifras de exportación.
Explicó que una parte importante de los bienes exportados por México incorpora componentes fabricados en otros países y únicamente son ensamblados en territorio nacional.
Ello genera actividad económica y empleo, pero también evidencia la necesidad de incrementar el contenido nacional, desarrollar proveeduría local, generar tecnología propia y participar en etapas de mayor valor agregado.
Más que vender más al exterior, sostuvo, el objetivo debe ser construir una industria nacional más sólida y con mayores capacidades tecnológicas.
La productividad comienza con la información
Uno de los mensajes que más desarrolló durante la conferencia fue que las empresas necesitan medir permanentemente su desempeño.
«Lo que no se mide no se puede mejorar», señaló.
Explicó que numerosos empresarios conocen cuánto venden, pero no siempre saben cuánto ganan realmente, cuáles son sus costos efectivos o qué productos generan mayor rentabilidad.
Por ello insistió en que cada organización debe construir indicadores propios, evaluar productividad, controlar procesos y utilizar información confiable para tomar decisiones.
Durante la sesión de preguntas y respuestas agregó que la información también constituye una ventaja competitiva.
Relató una negociación con una empresa internacional que inicialmente pretendía imponer condiciones comerciales desfavorables. Sólo cuando conoció el valor estratégico que representaba su capacidad de producción pudo negociar desde una posición distinta.
«El que tiene la información tiene el poder», resumió.
Pensar más allá del siguiente año
Loredo advirtió que uno de los principales riesgos para México es la incertidumbre sobre el futuro de los acuerdos comerciales.
Explicó que las inversiones industriales no se planean para un año, sino para horizontes de tres, cinco o incluso diez años.
Las empresas internacionales requieren certidumbre para decidir dónde instalar nuevas plantas, desarrollar proveedores o ampliar operaciones.
Por ello consideró indispensable fortalecer la certeza jurídica y ofrecer reglas estables que permitan planear inversiones de largo plazo.

Una agenda para fortalecer a las empresas
Más allá del diagnóstico, el empresario propuso una ruta concreta de trabajo.
Planteó diversificar mercados para reducir riesgos; fortalecer el mercado interno mediante productos competitivos; impulsar sistemas de gestión y certificaciones de calidad; promover compras consolidadas desde las cámaras empresariales; desarrollar una verdadera cultura de colaboración entre empresarios y elevar permanentemente la eficiencia dentro de cada organización.
También consideró indispensable combatir la competencia desleal, recuperar la seguridad en carreteras y generar un entorno de mayor certeza para la inversión.
En su opinión, el papel del Gobierno debe concentrarse en garantizar seguridad, infraestructura y reglas claras, permitiendo que las empresas desarrollen plenamente su capacidad productiva.
Una visión construida desde la experiencia
José Miguel Loredo López fundó en 1989 Loredo Muebles y Equipos, empresa que con el tiempo logró consolidarse como referente nacional dentro de su sector y desarrollar una planta industrial propia.
Ha presidido Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia de Culiacán, la Confederación Mexicana de Ejecutivos de Ventas y Mercadotecnia y CANACINTRA Culiacán, además de participar en diversos organismos vinculados al desarrollo empresarial.
Su conferencia dejó una reflexión que trasciende el debate sobre el T-MEC.
Los acuerdos comerciales seguirán abriendo oportunidades para México. Sin embargo, ninguna empresa permanecerá por decreto ni por la existencia de un tratado internacional. La permanencia dependerá de su capacidad para innovar, elevar su productividad, construir información para decidir mejor, formar alianzas y competir con estándares cada vez más altos dentro de una economía global.

