Con casi 70 años de historia, el restaurante El Palomar de los Pobres ha visto crecer a Culiacán y ha crecido con la misma ciudad, pero también ha sufrido junto con ella. A fuerza de esfuerzo, creatividad y resiliencia ha logrado evitar el cierre de sus cortinas y, lo mejor, es que hoy tiene planes de mejora y expansión.
Su director general, Luis Carlos Gómez González, recuerda que en sus inicios, en 1957, el restaurante en realidad fue una fonda manejada por la señora Juana Reynoso.
En 1982, la señora Gabriela González de la Peña adquiere el negocio y, junto con el doctor Luis Carlos Gómez Ponce, cambian el modelo, lo convierten en restaurante familiar y registran formalmente la marca El Palomar de los Pobres, manteniendo siempre como distintivos sus platillos tradicionales: órdenes de carne asada de sirloin, también conocida como palomilla, y los frijoles sabrosos que son difíciles de encontrar en otros lugares.
El buen sazón y el servicio de calidad propiciaron un crecimiento por etapas, sobre todo entre 1994 y 1999, cuando inició la apertura de sucursales. Con el tiempo, el restaurante llegó a operar hasta 11 sucursales, además de cubrir eventos a través del PaloMóvil y la Palomiza, presente en el nuevo estadio de los Tomateros durante la temporada inaugural, el campeonato, la Serie del Caribe y también en Plaza Sendero.
Hoy, las sucursales oficiales y autorizadas son Sucursal Madero, Sucursal Palacio de Gobierno, Sucursal Valle (Plaza Humaya) y Sucursal Caseta 4.
Todo marchaba viento en popa hasta que, en 2020 y 2021, llegó la pandemia de Covid-19. La gente se encerró en sus casas y evitó acudir a lugares concurridos, incluidos los restaurantes. Fue una época crítica, en la que si una persona tosía o estornudaba, todos volteaban a verla y procuraban mantenerse a distancia.
Ello impactó las ventas de todos los restaurantes y de muchos otros negocios.
El Palomar de los Pobres tuvo que cerrar cerca de seis sucursales y, en otras, reducir espacios.
“Nos tuvimos que adaptar a las circunstancias”, precisa Luis Carlos, con el objetivo de reducir costos de operación y mantener márgenes de utilidad que permitieran continuar abiertos.
Terminó la pandemia, pero la actividad no se ha recuperado del todo.
Por el contrario, hoy enfrentan otra crisis, al igual que muchos negocios, derivada de lo que algunos han denominado “narcopandemia”, por los enfrentamientos prolongados entre grupos delincuenciales.
Sin embargo, la resiliencia de El Palomar de los Pobres se impone. Hoy no contemplan como opción cerrar más sucursales, despedir trabajadores ni reducirse más de lo necesario.
“No está fácil mantener los equipos de trabajo, pagar la luz, el gas, el agua, los permisos de Protección Civil, cumplir con Coepris y otros tantos gastos, incluyendo la nómina”, señala.
Es todo un reto mantener los restaurantes abiertos, por lo que El Palomar de los Pobres explora diversas opciones para generar ahorros y llegar a nuevos clientes.
Uno de los desafíos es evitar que los costos se incrementen sin control. Para ello, buscan mejorar sus procesos de compra, sin reducir la calidad de los platillos, y mantener precios competitivos.
La modernidad y la tecnología, en algunos casos, tampoco ayudan. Es el caso de las plataformas digitales de entrega a domicilio, que compran los platillos a los restaurantes y los llevan al cliente, pero con un castigo al precio que ronda el 30 por ciento, costo que asume el propio restaurante.
A esto se suma la operación de personas que elaboran alimentos desde sus hogares y que, al no pagar renta ni impuestos, pueden ofrecer precios más bajos. A estos negocios se les denomina informales y, a nivel nacional, representan ya el 58 por ciento de la economía, cuando hace algunos años eran el 55 por ciento.
Adicionalmente, Culiacán enfrenta otro fenómeno: la reducción del dinero circulante. Hay menos recursos disponibles para el consumo.
Frente a este panorama, Luis Carlos aclara que El Palomar de los Pobres no se ha quedado con los brazos cruzados. Incluso analiza opciones en otros puntos del estado y del país, pero con la mente puesta en seguir trabajando en Culiacán.
Entre las estrategias está la renovación del buffetazo mañanero y la promoción de un combo mañanero de 149 pesos, dentro de las distintas opciones que el restaurante busca impulsar para adaptarse a las nuevas preferencias de sus clientes.
También están produciendo sus propios tamales y ofreciendo alimentos altos en proteínas y bajos en carbohidratos, como tortillas de nopal y betabel hechas a mano, además de birria, huevos al albañil, calabaza, ejotes, cerveza sin alcohol y bebidas sin azúcar, orientadas a un estilo de vida más saludable.
Incluso se busca trabajar de la mano con gimnasios y nutriólogos.
Se está desarrollando un llavero con código QR, tarjetas de cliente frecuente y cuponeras con beneficios. Además, colaboran con agencias de influencers, sin dejar de utilizar publicidad en medios tradicionales, e incursionan en redes sociales como TikTok, Instagram y Facebook.
Asimismo, se buscan alianzas estratégicas con proveedores, se realiza marketing cruzado, se explora la entrada a plazas comerciales y se trabaja en el desarrollo y comercialización de franquicias, licenciamientos y sociedades operativas.

